Autor: Jaime Laventman

 

Se requiere de un momento de cordura, un instante de inspiración, y un segundo de lógica, para constatar un milagro, más aún si este ocurre en el siglo XX, el más violento en la historia de la humanidad. No es un intervalo de guerras y odios. Se habla de llevar la paz a la zona más conflictiva del planeta tierra. Estamos en la década de los años 70s del siglo XX, tras cinco guerras entre dos frentes, con múltiples pérdidas humanas, y ningún resultado positivo para alguno de los contendientes.

Existe un estado de guerra entre Egipto e Israel. Corre el año de 1977, y el presidente de Egipto, Anwar el Sadat, se dirige al Consejo del Pueblo de Egipto y les informa de su deseo de llegar al parlamento israelí, el Kneset, y discutir los términos de paz con Israel. Sadat le informa al pueblo egipcio, a los estados árabes de la región, que la paz, bajo términos aceptables por ambas partes, traerá a la larga un crecimiento cultural, económico y social en ambos países. No más muertes inútiles; no más agresiones entre ambos países. Una posible cooperación en muchos aspectos entre los dos enemigos. Y a pesar de lo incongruente de la posibilidad, la gente común, llamémosla el pueblo, lloran de alegría, ante semejante proposición. No así, entre el gabinete del propio Sadat o entre los demás pueblos árabes de la región, y lejos de la misma. La paz, no será bien vista, y esta aseveración, resulta incomprensible al hombre racional, sobre todo cuando ambas partes o contendientes, están de acuerdo en los términos para llevarla a cabo. La valentía del líder egipcio, es rápidamente reconocida por el mundo libre, el que ansía establecer la paz entre estos dos enemigos. Reconocen la vulnerabilidad del posible tratado, y temen por la vida del propio Anwar, quien se enfrenta a más resistencias que aprobaciones. Contará con la aprobación del mundo libre, liderado por los Estados Unidos, pero con el rechazo de la URSS y sus dirigentes.

Dos días después de esta declaración unilateral de Sadat, el Primer Ministro del estado de Israel, Menajem Beguin, le extiende al presidente egipcio, una invitación para hablar en el Parlamento de Israel, en la legendaria ciudad de Jerusalén. Tanto Sadat como Beguin, eran sobrevivientes de guerras, de movimientos clandestinos y aceptaron, comprendiendo el bien que conllevan estas acciones, a tratar de forjar un acuerdo de paz. Naturalmente que las fuerzas secretas de cada país, llevaban años preparando esta acción, pero se necesitó del valor de cada dirigente, para en un esfuerzo mayor, cumplir con la palabra. Llevar la paz al medio oriente. Parecería, que las fuerzas del mal eran más poderosas, e impedirían que esta reunión se llevara a cabo. Sin embargo, olvidando rencores, disminuyendo el ego a su mínima expresión, y luchando contra sus adversarios dentro y fuera de sus fronteras, siguieron adelante, con la esperanza de impactar al mundo. Y vaya si iban a lograrlo.

El 19 noviembre de 1977, hace ya más de 46 años, Anwar el Sadat, el presidente egipcio, arribó al Estado de Israel. Y de esta manera, se convierte en el primer líder árabe en visitar al joven estado. Sadat fue recibido en una ceremonia oficial, vista por cientos de millones de personas en el mundo, y esto a pesar de existir un estado de guerra, entre ambos países.

Un día después, el 20 de noviembre de 1977, el Sr Sadat se dirigió al pleno del Knesset, enfrentando de manera agradable, pacífica y recíproca a sus pasados enemigos. Hubo sonrisas, se estrecharon manos, y se olvidaron las rencillas. Estaban a punto de conciliar un tratado de paz, que el propio líder palestino Yasser Arafat, calificaría de imposible de durar. El tiempo, como la sabemos, desmintió esta aseveración, y ambos países, han respetado este acuerdo, a pesar del cambio radical muchas veces de sus dirigentes y las ideas que promulgan.

La historia de este acontecimiento, es bien conocida. Bajo la tutela del entonces presidente de los Estados Unidos, Jimmy Carter, se firmó el acuerdo de paz en Camp David, el 17 de septiembre de 1978. Una paz con ligeros quebrantos, que dura hasta el momento actual. Naturalmente, que el acuerdo fue a su vez ratificado por los congresos de ambos países, y contó con la abierta desaprobación del mundo árabe en su totalidad, así como de la Unión Soviética, esta última básicamente por sus vetos en la Organización de Naciones Unidas. Hubo que ceder mucho. En terrenos, en orgullo, en humildad. Beguin, antiguo insurgente del Irgún, previo a la guerra de Independencia, logro sobrevivir. No fue así con Sadat. Fue asesinado años después por sus propios soldados, en uno más, de los golpes de estado que se han vivido en las seudo democracias del mundo. Un mártir, que, sin embargo, y sabiendo que su muerte, era solo cuestión de tiempo, no se rindió y llevó a cabo este sueño, que se mantiene vigente como ejemplo de pundonor entre países enemigos, que reconocen que la mejor guerra, sigue siendo la paz. En parte, por esta acción, ambos dirigentes serían reconocidos a nivel mundial, con el premio Nobel de la Paz.

Con el paso de los años, la situación en medio oriente ha cambiado de manera radical. Nuevos grupos de poder, todos ellos terroristas. Vuelta al fanatismo religioso, y la siempre latente probabilidad, de que el pacto de paz se pueda ver nulificado. Confiamos en que no sea así. Que la razón, prevalezca sobre los instintos más primitivos, y que no regresemos a una época de guerras, inseguridad, y amenazas de todo tipo. Países con ideas extremistas, pueden llegar a tener armas nucleares, que pondrían en peligro, a la zona, y al resto del mundo, al poderse desatar una serie de represalias, cuyo único fin, sería catastrófico para la humanidad.

Ambos países, Egipto e Israel, tienen una larga historia, con una presencia poderosa en el vaivén de las naciones. Egipto en la actualidad, es el país más poblado de África, con un potencial sin límites, que sería destruido en caso de nuevas conflagraciones. Israel, a pesar de sus avances tecnológicos, y de constituir una democracia comprobada en el área, por su tamaño, siempre será una víctima potencial de sus muy numerosos enemigos.

En el mundo, han surgido nuevas potencias tanto militares como tecnológicas. La búsqueda de mercados para sus productos, establece una guerra comercial, más poderosa aún que una militar. China en la actualidad, ha crecido en todos los sentidos, y su influencia en las decisiones del mundo, son sumamente importantes. Puede montar en un santiamén, el ejército más grande, jamás visto en la tierra, y su tecnología cada día alcanza niveles más sofisticados.

Se entiende, además, que las futuras guerras, serán guiadas y no peleadas en el campo de batalla. Las bajas, serán considerablemente más altas entre la población civil, y la perene amenaza de una guerra nuclear, persiste sobre nuestras cabezas, con un peso que nos apabulla, ante lo indefenso que el ser común y corriente representa.

La frontera entre Egipto e Israel es muy endeble. Además, Israel sería inmediatamente amenazada por los países que la rodean. Hay otros convenios de paz suscritos con el joven estado, y podrían resquebrajarse, cuando el hermano mayor desista de avenirse a lo que firmara hace tantos años.

No es solamente Israel, o Egipto, quienes bailan la cuerda floja. En varios rincones del mundo, se han suscitado pequeños enfrentamientos, que ponen en jaque la seguridad de los alrededores. Si el mundo, no es capaz de aprender la lección, del año de 1978, y de una paz duradera por 45 años, poco hemos aprendido a través del devenir de la historia.

Los ya más de 8 mil millones de seres humanos, debemos esforzarnos en forma unificada, a resolver los enormes problemas que tenemos por delante. Enfermedades, falta de agua potable, hambre, problemas ecológicos, sobrepoblación, falta de trabajo, y cada vez, menos tierras de cultivo, para una creciente población. En vez de eso, la mayor parte de los medios que podríamos tener a nuestra disposición, incluyendo el de la educación, se gastan inútilmente en armamento.

Nos urgen nuevos Sadat, Beguin, Gandhi, y otros próceres, que nos demostraron que un mal arreglo, siempre será mejor que una buena guerra. Las Naciones Unidas, han cooperado, pero son insuficientes.

De continuar con las acciones y pensamientos actuales, poco durará la presencia del hombre, en el planeta. La inteligencia, base del progreso del homo sapiens, puede constituir a su vez, el camino para su auto destrucción.

Este tratado impactó al mundo. Si se rompe, el mundo volverá a impactarse, pero de manera muy negativa. Es el momento de actuar, dialogar y razonar.

Desde el escritorio de la Editora

 Rosalynda Cohen

El fiscal de la Corte Penal Internacional (CPI) anuncia que solicitó órdenes de detención contra el Primer Ministro israelí Benjamín Netanyahu y el Ministro de Defensa Yoav Gallant, creando asimismo una abominable equivalencia entre Israel y Hamas.

EDITORIAL DEL 1 DE JUNIO

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