Autora: Alegre Smeke*

 

B´H

Queridos herman@s:

Vivir dentro de un conflicto armado fue una experiencia devastadora que me dejo una profunda huella en la vida al experimentarla.

En el contexto de la guerra en Israel, presenciar la violencia, las masacres y las atrocidades cometidas por los terroristas de Hamás y de ciudadanos palestinos, fue extremadamente traumático. Aquí hago un intento de capturar esa experiencia por escrito.

En lo más profundo de Israel, en medio del fragor de la guerra, me vi enfrentando una realidad brutal que ninguna cantidad de preparación previa, podría haberme hecho anticipar lo que viví.

El estruendo de las explosiones se iba convirtiendo en la banda sonora en nuestro recorrido por el Kibutz Kfar Azza y por la explanada donde se cometieron cientos de violaciones y asesinatos en el Festival Nova. Lo que vi y sentí allí superó cualquier imagen de horror que hubiera imaginado o visto en una película.

Los escombros humeantes por las manchas del humo que dejaron huella en muros y techos, los muebles destrozados, colchones rotos, fotos quemadas, electrodomésticos en el suelo, marcas en la entrada de cada casa con los códigos como círculos o rombos que dejaron los militares en clave: a) hay un cadáver B) bomba.

Recuerdos perdidos. Decenas o cientos de orificios de las metralletas en techos y muros me amedrentaron . Percibí de primera mano la deshumanización que los seres humanos son capaces de infligir unos a otros.

Escuche por los israelís, que ni entre los animales se matan así, por eso les dicen “monstruos”.

En la explanada del Festival Nova mientras caminaba entre altares con las fotos sostenidas por una varilla de los asesinados o de los secuestrados adornados con velas sobre la tierra, banderas de Israel cobijan las imágenes y en muchas de ellas recuerdos tangibles tales como muñecas, tableros de computadora, mandil de chef, o guitarras acompañaban algunas fotos.

El dolor y la desesperación se apoderaron de mí mientras las lágrimas brotaban de mis ojos, impotente ante el sufrimiento que me rodeaba. Al caminar entre los altares, aunque ,Zaka, removió todas los fragmentos de piel y sangre, yo sentía que en las suelas de mis botas yo me traía sangre de tristeza, de pena y dolor de los que sufrieron este ataque sorpresa.

En esta temporada florean pequeñas flores, poppy seed, de color rojo. Lo que me vino a la mente inmediatamente era la sangre de los heridos y fallecidos.

Las vidas segadas, las familias destrozadas, todo en nombre de una ideología carente de compasión y humanidad. Fue en ese momento, que mi fe en la humanidad se tambaleó, cuestionando como podríamos alcanzar la paz en un mundo tan marcado por la violencia y el odio; me inquieta y me angustia la situación de todos los judíos de todo el mundo.
A partir de ese día ya nunca volví a dormir la noche completa, y mi rostro en las fotos denotaba tristeza a pesar del maquillaje.

A pesar de la oscuridad que me rodeaba también presencié actos de valentía y solidaridad que me devolvieron un destello de esperanza.

Presencié, vi y conviví con un Pueblo unido ayudándose mutuamente, ofreciendo consuelo y apoyo en medio del caos.
Todos lo único que piden es el regreso de los secuestrados.

-Nos falta algo, no estamos completos-, palabras de todos con los que platicábamos o convivíamos.

Esta muestra de humanidad me recordó que, incluso en los tiempos más oscuros, la luz de la compasión y la empatía pueden brillar. Me admiré de la resiliencia de los evacuados, de los heridos y de los deudos. Su solidaridad y amor a su tierra, a nuestro querido Eretz Israel es inquebrantable.

Cada día era lucha por la supervivencia, una lucha por mantener la cordura en medio del caos.

Fueron días sombríos que quedarán grabados en mi memoria por siempre.

Mi tiempo en Israel durante mi Misión WIZO, me marcó profundamente.

Las imágenes de la masacre, las atrocidades cometidas por Hamás seguirán persiguiéndome por el resto de mi vida.

Llevaré conmigo el recuerdo de las convivencias con los evacuados, como el Shabat en el hotel Acacia en Jerusalem donde un grupo de 12 parejas de abrieron su corazón platicando su vida, ya por mas de 4 meses, parejas que no se conocían y ahora son una sola familia.

De la visita al Hospital Ichilov, me quedó el asombro con los relatos de valentía y coraje de los soldados heridos, muchachos jóvenes de entre 19 y 29 años.

Las conversaciones con mi familia, empleados de los mercados, con los guías, y con las taxistas me dejaban boquiabierta por su entereza y amor a su tierra.

Me quedo con los que se aferraron a su humanidad en medio de la inhumanidad.

En medio del sufrimiento, he aprendido que la esperanza puede surgir de las cenizas. Que a pesar de todo, la vida sigue y que por los miles de años de la existencia del Pueblo Judío debemos mantenernos firmes, unidos y abrazados.

Me despido no como la Alegre de antes, ya que una parte de mi se rompió y creo que nunca olvidaré.

Am Israel Jai.

*Directora de Patrocinios WIZO México
Consejera de Iberoamérica de WIZO Mundial

Desde el escritorio de la Editora

 Rosalynda Cohen

La presente edición contiene un articulo especial del historiador israelí, intitulado “Gana la batalla; Pierde la guerra”, un espacio de reflexión cuya lectura es ampliamente recomendada.

EDITORIAL DEL 1 DE ABRIL

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