Autora: Esther Shabot*

 

Hay países en los que sus regímenes ni siquiera simulan aspirar a una igualdad de género, sino que se manejan con una agenda que oficializa la marginación y la discriminación de las mujeres y las niñas. Se trata de naciones en las que la separación entre religión y Estado no existe, por lo que la legislación religiosa, a menudo en sus expresiones más radicales, es la que establece las normas a partir de las que se legitima toda clase de abusos contra ellas. De tal suerte que la celebración en esos lugares del Día Internacional de las Mujeres constituye una jornada marcada por la represión, casi siempre violenta, de quienes se atreven a salir a las calles a manifestar sus reclamos.

Son especialmente conocidos los casos de Afganistán e Irán. En el primero, hoy en manos de los talibanes, las mujeres han regresado a la reclusión, a la cobertura total de sus cuerpos, a la obligada sumisión ante las órdenes de los hombres de sus familias, y a no tener acceso a la educación más que en sus niveles más bajos. Este 8 de marzo sólo un puñado de mujeres se atrevió a salir a las calles en algunas provincias a fin de protestar contra la prohibición de trabajar, viajar y educarse, pero las fuerzas del orden las dispersaron de inmediato con lujo de violencia. Después de más de dos décadas en las que su status mejoró notablemente tras el derrocamiento del poder talibán, a partir de la invasión de las fuerzas multinacionales encabezadas por EU a principios de 2002, la vuelta al poder de los islamistas radicales ha reinstaurado el antiguo régimen segregacionista y cruel que oprime a las mujeres como en ningún otro lugar del mundo.

En cuanto a Irán, donde aún están frescas tanto las atrocidades cometidas en el caso de Mahsa Amini, asesinada por la policía por no tener bien puesto el velo en su cabeza, como la crueldad de la represión a quienes a lo largo de meses se manifestaron contra esa clase de injusticias, la conmemoración del Día Internacional de las Mujeres no pudo darse. La gente teme expresarse en ese tema, ya que más de 500 personas fueron asesinadas durante los meses de protesta por el caso de Amini y cerca de 20 mil fueron apresadas.

En esas condiciones, lo único que se filtró hacia el exterior el 8 de marzo fue una declaración de la premio Nobel de la paz 2023, Narges Mohammadi, quien llamó a la eliminación del apartheid por género, el cual no sólo afecta a las mujeres en su vida diaria, sino también fortalece el autoritarismo de los regímenes religiosos. Ella denunció a los gobiernos de Irán y Afganistán por haber “orquestado sistemáticamente condiciones de supresión, dominación, tiranía y discriminación contra las mujeres”. Esta notable luchadora por los derechos humanos sabe de lo que habla, ya que ha pasado años en prisión e incluso ha recibido latigazos acusada de actuar contra la seguridad nacional y de difamar al Estado Islámico de Irán. En 2022 se publicó con su firma el libro Tortura blanca, que recoge testimonios de catorce mujeres recluidas en prisiones del país.

El afianzamiento en el poder de los sectores religiosos más conservadores y retrógradas de Irán ha puesto fin a algunos de los escasos avances en cuanto a derechos de las mujeres que se consiguieron en gestiones previas, cuando figuras políticas “moderadas” estuvieron al mando. Es así que las condiciones ciertamente han empeorado. Por ejemplo, el cantante de pop iraní Shervin Hajipour, conocido por su canción Baraye, que se convirtió en una especie de himno coreado durante las protestas de 2022, ha sido condenado a tres años de prisión por “incitar y provocar a la gente a organizar disturbios que atentan contra la seguridad nacional y por difundir propaganda contra el régimen”. Hay que decir que la canción Baraye, ganó el Premio Emmy 2023 como mejor canción sobre el cambio social.

En diversos países musulmanes se dan condiciones similares a las arriba descritas, aunque el grado de violencia y sometimiento sufrido por las mujeres varía. Por ejemplo, en Irán nunca se prohibió a las mujeres conducir automóviles, mientras que en Arabia Saudita tal prohibición rigió hasta hace poco. En fin, comparativamente y de acuerdo a la normatividad que determina nuestros derechos en México, teóricamente se podría decir que aquí las mujeres “estamos en la gloria” ya que somos, por ley, iguales a los hombres. Indignante, así, que tengamos uno de los récords más vergonzosos a nivel mundial en feminicidios, y una violencia de corte machista con tan sólido arraigo social.

 

* Editorialista del Diario Excelsior

 

 

Desde el escritorio de la Editora

 Rosalynda Cohen

La presente edición contiene un articulo especial del historiador israelí, intitulado “Gana la batalla; Pierde la guerra”, un espacio de reflexión cuya lectura es ampliamente recomendada.

EDITORIAL DEL 1 DE ABRIL

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