Autor: Salo Grabinsky

 

Hace varias décadas Enrique Krauze publicó un artículo crítico del entonces invencible gobierno del PRI en donde sugería de manera clara que en México debería haber una “Democracia sin Adjetivos”, es decir lisa y llanamente un gobierno donde, por medio de elecciones libres y verificadas por todas las fuerzas políticas, el voto mayoritario obtuviera los puestos principales desde el presidente hasta los miembros del Congreso, gobernadores, presidentes municipales. Las fuerzas minoritarias también tendrían acceso a las posiciones obtenidas, con todo el respeto a su investidura. Habría ganadores y perdedores y la pluralidad hacía más intenso el dialogo y así el país sería gobernado en forma democrática, sin adjetivos.

En nuestro mundo existen, desgraciadamente, regímenes dictatoriales que no cumplen con las leyes vigentes, hacen caso omiso de la Constitución y en extremos crean un ambiente falto de libertades, con actos arbitrarios, fraudes, torturas y asesinatos. Es una situación grave y no importa de qué signo ideológico se trate, los pueblos sojuzgados (o engañados con promesas irrealizables, y sumidos en la apatía) van cayendo cada vez más en un abismo sin salida. Los fundamentalismos, los dogmas que no admiten discusión y la fuerza de la propaganda populista nos acerca a un peligro cada vez mayor.

Viendo el panorama global notamos que muchos países otrora razonablemente democráticos están cayendo en extremos, falta de diálogo y acciones de dudosa confiabilidad, para mantener el poder, el control de la población y su voto.

Un amigo mío me hizo ver que, en política y otras áreas hay que establecer un diálogo sano, sin adjetivos que tergiversen o empañen la opinión o idea concreta que se plantea. El trato “ad hominem” degrada a la conversación, ya que la convierte en un conflicto personalizado.

El clima político actual ha decaído de un intercambio de opiniones y puntos de vista diversos, a una “Autocracia con adjetivos”, incluidos insultos, burlas y amenazas, seguidos por actos de dudosa legalidad o rompiendo las normas constitucionales aceptadas. No es unilateral, ya que los opositores y radicales de todos los colores recurren a las redes sociales o tribunas para inflamar el ambiente con falsedades arbitrarias y sin bases. La falta de diálogo entre las partes es un fenómeno extremo que nos afecta a toda la población.

Los emprendedores estamos tratando de dilucidar por donde vienen los vientos huracanados de los próximos meses y años para tomar medidas preventivas. Los grandes empresarios ya tienen más claro el panorama (no totalmente, pero más informados que nosotros) y hacen planes alternativos para diferentes escenarios. Los políticos de toda filiación están en modo de vuelo intensivo para aterrizar un nuevo puesto o de perdida arrimarse a los presuntos líderes y conseguir caer en blandito por un sexenio más, sin olvidar el chapulineo, deporte nacional del que somos país líder.

Lo peligroso de este período preelectoral es que se llega a la tentación de manejar al país de forma arbitraria, con infinidad de adjetivos y poco interés en ayudar realmente a la población con más y mejores empleos, seguridad para todos y un país democrático amable y más justo. Esto se puede lograr con un cambio de actitud generalizado empezando de arriba a abajo.

Desde el escritorio de la Editora

 Rosalynda Cohen

La presente edición contiene un articulo especial del historiador israelí, intitulado “Gana la batalla; Pierde la guerra”, un espacio de reflexión cuya lectura es ampliamente recomendada.

EDITORIAL DEL 1 DE ABRIL

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