Autor: Jaime Laventman   

 

Era el 22 de noviembre de 1963. Hay fechas, que uno difícilmente llega a olvidar. Visitaba por primera vez en mi vida a la hermosa ciudad de Nueva York. Nevaba y me era muy difícil orientarme. Buscaba yo, un edificio emblemático en la misma, donde había quedado de verme con un amigo. El Empire State. Eran las 10 de la mañana, y finalmente lo encontré. Estaba yo en la 5a avenida en el número 350 entre las calles 33 y 34 en la zona media de la isla de Manhattan. Subimos al edificio, hasta la zona panorámica permitida, arriba del piso 80. La vista que tuvimos, se veía obstruida por la nevada. Sin embargo, tras unos minutos, esta se despejó, y por primera vez pude admirar el espectáculo de la gran ciudad, desde sus alturas. ¿Por qué no olvidé la fecha? Horas más tarde, de ese mismo día, en la ciudad de Dallas, Texas, era asesinado el presidente John F. Kennedy. Pero esa, es otra historia.

 

El Empire State, nace en la época de la depresión de los años 30 en Norteamérica. Su construcción inicia el 17 de marzo de 1930, y finaliza el 11 de abril de 1931, en solo 13 meses. Poco tiempo después, el 1o de mayo de ese año, es inaugurado de manera oficial, convirtiéndose a su vez, en el edificio más elevado hasta aquella época, superando al Chrysler, que ostentaba ese título. Tiene una altura, ya con la torre añadida de 443 metros, y consta de 102 pisos. Con el paso de los años, el Empire State ocupa el 5o puesto como edificio más elevado en los Estados Unidos, y el número 35 a nivel mundial.

 

Constituye desde su inauguración, un ícono inconfundible en la ciudad de Nueva York, y fue diseñado siguiendo el estilo Art Deco. Se le considera como una maravilla de la ingeniería. Ha sido a su vez nombrado como sitio nacional histórico desde 1986.

 

Quiero imaginar a mis abuelos, sentados en alguna sala de cine en el año de 1933. Vestidos muy elegantes, como se acostumbraba en aquellos años. El edificio mencionado el Empire State, ya tenía dos años de haberse inaugurado. La película que vieron: King Kong. Obviamente, hablo de la primera versión de la misma, cuando los grandes efectos que ahora dejaron ya de asombrarnos, aun no existían. Y, el gran Gorila, más que rudimentario para nuestra época, asustó en verdad a todos los espectadores, y los mantuvo en un hilo de suspenso, cuando, el mencionado King Kong, estaba en la cumbre del edificio, siendo acribillado por aviones de combate de la época, y cayendo al vacío, para en el pavimento encontrar finalmente la muerte.

 

Claro. Cuando pensamos en la ciudad de Nueva York, reconocemos que tiene muchos sitios que la distinguen de otras ciudades en el mundo. El más importante – es una opinión personal – es la magnífica Estatua de la Libertad, erigida en Staten Island, como regalo del gobierno de Francia a su aliado los Estados Unidos, dándole la bienvenida al país, a aquellos refugiados y necesitados del mundo. Esto, como sabemos, ha cambiado. El otro ícono de la ciudad, es el puente de Brooklyn, maravilla de la ingeniería, que une al susodicho sitio, con la isla de Manhattan. Y el último, más no por ello, de menor significado, debe de ser el Empire State, con su figura reconocible en todo el mundo, y que marca la pauta de un país que busca alcanzar las alturas en su desempeño.

 

El 11 de septiembre de 2001, desaparecieron las torres gemelas, cuando dos aviones se impactaron en las mismas, con el resultado final de más de 3000 muertes. Un hecho – que fuimos todos testigos – que ha cambiado por completo al mundo y a su manera de ver a sus semejantes.

 

El 28 de julio de 1945, un bombardero B-25 Mitchell, piloteado en densa niebla por el coronel William Franklin Smith Jr, se estrelló contra el Empire State, entre los pisos 79 y 80, por su cara norte, donde estaban las oficinas del Concilio Nacional Católico. Causó varios incendios, que fueron controlados en menos de una hora, y que dejó un saldo de 14 personas fallecidas. Como dato de interés, Betty Lou Oliver, elevadorista en el edificio, sobrevivió una caída de 75 pisos dentro del mismo elevador, lo cual sigue siendo un récord Guinness.

 

Como otros datos curiosos, el edificio tiene 6500 ventanas y por lo menos 73 elevadores. Si alguien desea subir las escaleras, son 1860 escalones desde la planta baja hasta el piso 102. Aproximadamente 21000 personas laboran en el mismo, y es el segundo edificio con más empleados en los Estados Unidos, después del Pentágono en la ciudad de Washington DC. Tiene su propio Zip code el 10118. Si desean tomar un elevador de la PB al piso 80, solo tardará este 1 minuto en llegar. El edificio donde vivo, para subir 14 pisos, le toma 30 segundos.

 

Hace 45 años, cuando vivíamos mi mujer y yo, en la ciudad de Rochester, MN, la veíamos como un “gran pueblo “con sus 31 000 habitantes. El Empire State, con empleados y visitantes por día, supera esta cifra. Y es solamente, un edificio.

 

Hemos subido al Empire State, en múltiples ocasiones. Siempre causándonos asombro la vista desde el observatorio del piso 86. Se distingue a toda la ciudad de NY, y sobre todo el Gran Central Park. Por un lado, uno observa el East River y por el lado oeste, el Hudson. Y si alguno de ustedes, en sus visitas a Nueva York, no ha subido al observatorio del edificio, deberían hacerlo. Es una experiencia única.

 

Evelyn McHale nació en Berkeley, California. Cuando sus padres se divorciaron, el padre obtuvo la custodia de sus nueve hijos, y se trasladaron a Tuckahoe, en el estado de Nueva York.

 

Evelyn, era una joven americana, típica si me lo permiten. Se graduó de la Preparatoria y se unió a las Fuerzas armadas femeniles, estacionadas en la ciudad de Jefferson, en el estado sureño de Missouri. Más tarde se mudó a la ciudad de Baldwin en Nueva York y comenzó a trabajar.

 

Hasta donde sabemos, llevaba una relación adecuada con su novio, Barry Rhodes. Este le había pedido que se casaran en el mes de junio. El mundo parecía estar a los pies de ambos.

 

El 30 de abril de 1947, McHale, tomó un tren que iba de la ciudad de Nueva York, a Easton, Pennsylvania, a visitar a su prometido. Al parecer, este le propuso matrimonio, y la idea era, que habrían de casarse en el mes de junio de ese mismo año.

 

Al día siguiente, Evelyn – quiero imaginar feliz por los acontecimientos – tomó el tren de regreso a la ciudad de Nueva York. Ha de haber llegado a la estación central, y caminado por la calle 42, hasta entroncar con la 5a avenida. De ahí, debe de haberse dirigido a su izquierda, y haber finalmente llegado al Empire State.

 

Tomó el elevador del mismo, hasta el observatorio que está en el piso 86. Sin más preámbulos, saltó del mismo hacia la calle, aterrizando en una limusina que se encontraba en la calle, y que no llevaba pasajeros. Sin una razón aparente, Evelyn tomó una decisión única en su vida, y se suicidó.

 

El fotógrafo Robert Weiles, tomó una foto, que acompaña a este artículo, en la cual se puede observar a Evelyn ya sin vida, tan hermosa como fuera en vida. Al publicarla, la gente comentó que éste, era un “ bello suicidio “, y así ha pasado a la posteridad.

 

Antes de saltar, dejó una nota, en su abrigo, en el observatorio del piso 86, que decía: No deseo que nadie de mi o no de mi familia me vea. ¿Podrían por favor, cremar mi cuerpo? Les suplicio a cualquiera dentro o no de mi familia, que no se lleven a cabo ceremonias de recordación por mí. Mi novio me pidió en matrimonio para el mes de junio. No creo que yo pueda ser una buena esposa para nadie. El estará mucho mejor sin mi. Díganle a mi padre, que al parecer poseo muchas de las tendencias de mi madre.

 

Su cadáver fue finalmente identificado por una de sus hermanas. Como era su deseo, fue cremada y no se llevó a cabo ninguna ceremonia para recordarla.

 

Quienes han visto la fotografía, comentan que Evelyn más bien parece dormida, y no muerta. Que su belleza natural, no se vio afectada por su caída.

 

¿Qué pudo haber orillado a esta mujer, a cometer semejante acto? No creo que se sepa, y no pienso que jamás se llegue a averiguar la verdad detrás del mismo.

 

Ella, representa solamente una de las muchas personas que se han lanzado al vacío, suicidándose, desde las alturas de este icónico edificio.

 

En la belleza arquitectónica que el mismo guarda, hay otras historias que se han tejido a su alrededor. Pero ninguna nos sorprende más, que el eterno viaje que Evelyn emprendiera, y al que el populacho sigue considerando de manera crítica, pero compensatoria, como “un bello suicidio “.

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