Autora: Luba Gorodzinsky

 

Praga, la ciudad de las cien torres, de la alta magia, la alquimia y astronomía, un centro artístico sin igual en la Europa de esa época. Allí vivió gran parte de su vida Rabí Yehuda Loew Ben Betzabel (1525-1609) conocido como el Maharal de Praga, cuyos ancestros según decían, venia de una línea directa de la dinastía del rey David.

 

Rabi Yehuda Loew llegó a ser por muchos años el rabino principal de la comunidad judía de Praga y también dirigió la Yeshiva que el fundo allí. Era un gran talmudista, matemático y cabalista. Sus conocimientos académicos y científicos maravillaban tanto a judíos como a no judíos. Escribió varios trabajos enigmáticos de filosofía y educación, cuyo valor han sido apreciados recientemente, su obra más importante fue Gur Arie (El cachorro del Leon) en 1578.

 

Era un hombre recto y piadoso; él pensaba que la perfección intelectual no es el supremo gol del hombre y que estudiar la Tora y observar los mandamientos, lo posibilitan para comunicarse con D-os. Él decía que el exilio judío era un estado de anomalía en el orden del universo, cada pueblo necesita tener una patria y cada nación tiene el derecho de ser libre; la dispersión y la esclavitud son desviaciones del orden natural.

 

Su tradicional pensamiento mesiánico, lo hizo hablar de la prioridad de la redención y la llegada del Mesias, como un hecho inevitable, decretada por la voluntad de D-os. El decía que previó a la redención, la degradación del pueblo de Israel, será en escala mayor de lo que siempre fue, por eso para él, la expulsión de los judíos de España en 1492, era el inicio de los tiempos mesiánicos, que indicaba sin lugar a dudas la próxima llegada del Mesías.

 

Rabi Yehuda Loew era un eminente sabio talmúdico, enfocado en la mística judía y la cabala y a su práctica. Parecía disponer del poder de curar enfermos, configurando fuerzas sobrenaturales y empleando diferentes camafeos y talismanes. Rabi Yehuda Loew, el famoso Maharal de Praga, era un gigante espiritual, fue la figura dominante de su generación y uno de los más famosos líderes judíos de todos los tiempos. Su tumba se encuentra en el viejo cementerio judío de Praga.

 

Al Rabino Yehuda Loew, sin fundamento histórico, se le atribuye la creación de un golem, cuya leyenda estimuló la fantasía. Se trataba de un coloso hecho de barro, que animado mediante combinaciones cabalísticas, cobraba vida y movimiento ejecutando toda clase de trabajos que le ordenaba el rabino Loew.

 

Un golem es una figura inanimada, de forma humana y carente de voz, alma e inteligencia, fabricado por rabinos o magos a partir de materia inanimada, por lo general barro o arcilla. Esta criatura además de carecer de voluntad poseía una fuerza y resistencia sobrehumana y su principal misión era ayudar en las labores domésticas y defender a la comunidad judía, de las amenazas que pesaban sobre ella.

 

La leyenda cuenta que en la época del rabino Loew, la comunidad judía de Praga, que vivía concentrada en el ghetto Josefov, nombre que significa la “ciudad de Josef” se hallaba seriamente amenazada por un entorno abiertamente antisemita, pues los habitantes no judíos de esa ciudad europea miraban con abierta hostilidad a los judíos, asegurando que estos se habían apoderado de las finanzas de la ciudad y sacrificaban niños cristianos en sus ritos religiosos.

 

Por eso, el rabino Yehuda Loew, creo un golem, usando arcilla del rio Moldaba de Praga. Después de realizar los rituales prescritos a la enorme figura humana recitando antiguos conjuros y especialmente poniendo en la frente de este la palabra “EMET” (verdad).

 

A poco después de ser creado este golem, que no comía ni bebía ni necesitaba descansar, se mostró bastante útil, por que acarreaba agua, cortaba leña y ejecutaba toda clase de labores agotadoras. Sin embargo, si bien en un principio el golem, pese a su evidente falta de inteligencia, desempeñaba trabajos peligrosos y arduos y protegía a la comunidad judía de Praga, pronto se puso violento y empezó a sembrar el miedo en toda la ciudad.

 

Incapaz de controlar al golem que había creado el rabino Loew, termino quitándole la vida eliminando la primera letra de la palabra “Emet” escrita en su mente, formando así la palabra “Met” (que significa muerte en hebreo), y así el golem se desplomo inerte en el suelo. De acuerdo con una leyenda checa, los restos del golem permanecen en una habitación sellada, en el ático de la sinagoga Staronova o Altneuschul (vieja nueva) sinagoga, situada en el barrio judío de Josefov.

 

Este héroe artificial con un destino trágico es un referente de las leyendas judías y de la destrucción que genera un ente no controlado que se obtiene por jugar a ser Di-s, como decía el escritor Jorge Luis Borges, en su poema “El golem”.

 

EN LA HORA DE ANGUSTIA Y DE LUZ VAGA, EN SU GOLEM LOS OJOS DETENIA ¿QUIEN NOS DIRA LAS COSAS QUE SENTIA DI-S, AL MIRAR A SU RABINO EN PRAGA?

 

La sinagoga Staronova, o vieja nueva de Praga, es una de las sinagogas más antiguas y más valiosas entre los monumentos judíos de Europa y del mundo. Esta sinagoga fue edificada entre los años 1270 y 1275 y es uno de los primeros edificios góticos de Praga. Al no encontrarse rodeado de casas, durante siglos ha sobrevivido a casi todos los principales incendios del barrio judío.

Algo mágico debe de tener la sinagoga, porque incluso sobrevivió a la demolición del güeto en el siglo XX. Aquí cuelga el estandarte de los judíos de Praga, donde figura una estrella de David, con el sombrero que los habitantes del gueto tenían que llevar en el siglo X1V. La leyenda dice que los restos del golem se encuentran en esta sinagoga.

 

El viejo cementerio judío de Praga fue establecido a mitad del siglo XV en Josefov, conocido como el barrio judío, La referencia más clara de su antigüedad se encuentra en una de las tumbas, la fechada en 1439. Este cementerio estuvo en uso hasta el siglo XVIII, durante más de 300 años, los judíos no podían ser enterrados en otro lugar que no fuera este cementerio y esto obligó a sepultar a casi cien mil personas que allí descansan en 12 niveles de profundidad. El rabino Yehuda Loew Ben Betzalel descansa allí.

 

Este cementerio judío fue protagonista de todo un movimiento conspiratorio que aun sobrevive en nuestros días, Según el panfleto antisemita “Los protocolos de los sabios de Sion” publicado en 1902 en Rusia por la policía secreta del Zar Nicolás ll. En el cementerio de Praga se habían sucedido los encuentros de los “Ancianos de Sion” quienes supuestamente planearon la dominación del mundo.

 

La obra pretendía ser la transcripción del acta de aquellos reunidos y con ella se quiso justificar la persecución de los judíos, culpándoles de los males de la guerra y la revolución, pero jamás se dio una sola prueba de la existencia de aquella organización. Hitler fue decididamente influenciado por ella, y Henry Ford en los Estados Unidos financió varias ediciones de los “protocolos” y dedicó grandes esfuerzos para su propagación.

 

Rabi Yehuda Loew Ben Betzalel (1520-1609) ejerció durante algún tiempo como rabino en Posen, hasta ser reclamado por el emperador Rodolfo II (rey legendario de Bohemia y Emperador del Sacro Romano Imperio Germánico desde 1576), para que se presentara en el castillo palacial de Praga. Alli fue nombrado Gran Rabino de la Judería, conservando este cargo hasta su muerte. Rabi Yehuda habitaba en la calle ancha de la judería. Sobre la puerta de su casa mandó esculpir en piedra un león con un racimo de uvas, como símbolo de su linaje.

 

En aquellos días se establecieron en Praga numerosos inmigrantes judíos procedentes de Rusia y los Balcanes. La ciudad fue convirtiéndose en refugio de hebreos huidos de España y Portugal, que buscaban ponerse a salvo de la Inquisición, pero también se instalaron en Praga sencillos colonos llegados desde ciudades alemanas, entre ellos algunos famosos talmudistas.

 

En la época en que el rabino Loew se hubo establecido en Praga, nuevos golpes del destino amenazaban a los judíos de esa ciudad, porque se preparaba su expulsión. El rabino Loew se propuso apartar de su pueblo tamaña desgracia e implorar la intervención del emperador. Pero como el mayordomo de palacio le impidiera el acceso, buscó otro camino. Mezclado entre el gentío que se había reunido en el Puente de Piedra, espero al emperador cuando este se dirigía al casco antiguo de la ciudad.

 

Cuando vio que se acercó la carroza imperial, se plantó delante de la misma con los brazos en cruz. Los espectadores le arrojaron piedras y excrementos, pero el rabino permaneció imperturbable. La carroza se detuvo y el emperador se asomó a la ventanilla para ver qué es lo que pasaba. El atrevido rabino hizo una profunda reverencia, entregó al soberano su carta petitoria y suplicó que fuera recibido en audiencia. El emperador lanzó una breve ojeada a la lista y ordenó al peticionario que no abandonara su casa durante los siete días siguientes.

 

El séptimo día paro ante la casita del rabino Yehuda Loew una soberbia carroza para llevarlo a presencia del emperador. Durante mucho tiempo, el rabino permaneció reunido con el emperador y otros eruditos y nobles, discutiendo el asunto de la proyectada expulsión de los judíos. El rabino imploró por que la caridad prevaleciera sobre el rigor de la justicia, respetando a la comunidad judía de Praga.

 

Ese mismo día, el emperador Rodolfo II hizo saber que no sería tolerada ninguna injusticia cometida contra los judíos, y que cualquier falta o delito cometidos por ellos, debían ser objeto de un proceso judicial en toda regla. En el futuro, la comunidad no podría ser culpabilizada por los incumplimientos de uno de sus miembros. Muchas historias se hacen eco de la sabiduría y conocimientos del rabino Yehuda Loew, cuyo prestigio aumentaba de día a día hasta al punto de que al cabo de algún tiempo se afirmaba en Praga, que era tan sabio como el rey Salomón.

 

Sin embargo el favor del emperador fue de escasa duración. El soberano, ocupado la mayor parte en cuestiones de alquimia y astrología, encomendaba los asuntos de Estado a sus consejeros. Pero estos sentían poco aprecio por los judíos y aprovechaban cualquier ocasión para incitar al emperador contra ellos. El soberano terminó por cansarse de los continuos litigios y disgustos con el ghetto y ordeno que todos los israelitas fueran expulsados sin tardanza del país.

 

En la noche que siguió a esta orden, el emperador tuvo un extraño sueño, se veía a si mismo viajando en una carroza, el paisaje era desolado, sin sombra, el emperador sudaba y apenas podía respirar, tanta era su sed; fue entonces cuando vio un rio, mando parar, se desvistió y se metió en el agua para refrescarse pero, cuando regresó a la orilla, descubrió que sus ropas, su carruaje y todo su sequito habían desaparecido.

 

El emperador afligido, esperó que se hiciera de noche para volver a su palacio bajo el manto de la oscuridad. Estuvo caminando toda la noche y al empezar el día divisó Praga en la lejanía. Se topó con un grupo de leñadores que le injuriaron y obligaron al infeliz a huir. Un viejo mendigo le regaló las prendas más indispensables para poder seguir caminando, pero luego vio acercarse una lujosa carroza y el soberano pidió ayuda. El viajero lo rechazó con palabras ásperas, asegurando que el emperador estaba en su palacio y que acababa de hablar con él.

 

Entonces el emperador se percató súbitamente de lo sucedido: un impostor se había apoderado de sus prendas y fingía ser el soberano asumiendo el papel de este. El emperador estuvo cavilando que es lo que podía hacer, pero sin llegar a ninguna conclusión. Iba caminando sintiendo que una tristeza se apoderaba de su ánimo, y es que se percataba de que había perdido su poder porque ¿Quién iba a creerle que un falso emperador residía en el palacio y que él no era un embustero?

 

Con los pies lastimados y el estómago vacío entró en el ghetto. Se detuvo ante la sinagoga Alteuschul y se acordó del rabino Yehuda Loew. Realizando un último esfuerzo se arrastró hasta la casa del rabino, quien lo recibió con profundo respeto. Después de haberse aseado y vestido y haber comido algo, descansó un rato, luego se dirigió al rabino con el ruego que le aconsejara y ayudara.

 

El rabino asintió con la cabeza y dijo: “A todo delincuente le gusta volver al lugar de los hechos. Hoy volverá a ser mucho calor y es seguro que el impostor ira a remojarse, ¿En que otro lugar querrá hacerlo sino es en el rio en cuya ribera, a traición se convirtió en emperador? Cuando se meta en el agua, haced como él os hizo a vos”.

 

El emperador, ya más esperanzado, prometió al rabino todos los tesoros del mundo, Pero aquel se limitó a responder tristemente: “Si queréis premiarme, mejor será que hagáis otra cosa. Ahora ya conocéis el amargo sabor de la injusticia y del agravio. Lo que vos habéis sufrido en la suciedad y el polvo del camino es lo que espera al pueblo judío y no solo durante algunas horas, sino por toda la vida. Por eso, os suplico que permitáis a mi pueblo que se quede donde se siente en casa.

 

El emperador accedió gustosamente a redactar un nuevo decreto, anulando la orden de expulsión que había dictado. Después se dirigió al rio para esperar a su doble. No tuvo que esperar mucho tiempo. A la hora anunciada por el rabino apareció la carroza imperial con el sequito. El impostor se desvistió y saltó al agua. En este preciso momento, el emperador salió de entre la maleza y ordenó el regreso rápido al palacio. Los caballos corrieron enloquecidos, la carroza se tambaleaba y brincaba en el camino lleno de baches y el emperador se despertó sobresaltado.

 

Yacía en su propia cama y se dio cuenta de que todo solo había sido un sueño. Se levantó, se acercó a la ventana y permaneció durante largo tiempo abismado en pensamientos. Cuando luego volvió a su lecho, su mirada reparo un instante en la mesa. El emperador detuvo sus pasos como si viera una imagen real, sobre la mesa estaban algunos de los andrajos de mendigo que llevara en sueños y, junto a ellos, el documento que él mismo había redactado y firmado.

 

Durante mucho tiempo, el emperador estuvo sentado cabizbajo. Muy de mañana entregó a sus ministros el documento en que revocaba la expulsión de los judíos. De esta manera, Rabi Yehuda Loew logró apartar de su comunidad los sufrimientos del destierro.

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