Autor: Esther Shabot*

En esta ocasión, a diferencia de las cuatro elecciones anteriores celebradas en Israel en los últimos tres años, no hubo que esperar semanas para saber quién lograría armar una coalición gobernante. Menos de 48 horas después del cierre de las urnas, era claro que Benjamin Netanyahu, líder del partido Likud, retornaría al poder convertido de nuevo en Primer Ministro, a pesar de estar siendo juzgado por presuntos delitos cometidos en el pasado. También se sabía, desde ese momento, quiénes serían sus compañeros de coalición –dos partidos políticos ultraortodoxos religiosos y uno más nacionalista extremo– desde hace tiempo manifiestamente leales y dispuestos a acompañarlo en la conformación de un nuevo gobierno.

Entre esos cuatro socios sumaron 64 escaños, suficientes para dejar en la oposición al variopinto bloque encabezado por el aún actual Primer Ministro, Yair Lapid, bloque aglutinado sobre todo por el interés compartido de impedir que Netanyahu regresara al poder. No lo consiguieron y, en consecuencia, Israel se apresta a ser dirigido por el gobierno de más extrema derecha en toda su historia.

Las afinidades y paralelismos con regímenes identificados con esa misma línea ideológica en la que desde luego radica un fuerte componente populista y nativista, se manifestaron de inmediato. El primero en felicitar a Netanyahu fue el Primer Ministro húngaro, Viktor Orban, quien en su cuenta de Twitter escribió: “Tiempos difíciles exigen líderes fuertes, bienvenido de regreso”. A lo que el israelí contestó: “Espero con interés continuar con la expansión de la estrecha amistad entre Israel y Hungría”.

La secuencia de felicitaciones siguió la lógica de esa misma afinidad, ya que a continuación fue la nueva primera ministra italiana, Giorgia Meloni, igualmente de derecha populista, quien felicitó a Netanyahu con una expresión en hebreo, agregando que “…estoy lista para fortalecer nuestra amistad y nuestras relaciones bilaterales a fin de encarar nuestros desafíos comunes”. Y el tercero en línea fue el Primer Ministro de la India, Narendra Modi, con sus deseos de continuar con la alianza estratégica entre India e Israel. La rapidez con la que esas tres felicitaciones se produjeron es significativa de lo mucho que hay en común entre esos liderazgos que tienen en el centro de su discurso populista un supremacismo nativista fuertemente aderezado con elementos religiosos de naturaleza excluyente.

Para los segmentos liberales de la sociedad israelí, lo mismo que para la ciudadanía árabe del país, que constituye 20% de la población, la preocupación ante el nuevo gobierno que pronto tomará las riendas, es enorme. Lo mismo sucede con la población palestina de los territorios que ahora enfrenta de manera directa y clara, una postura oficial del gobierno israelí de no reconocimiento a la legitimidad de sus aspiraciones de independencia nacional, cuestión que prefigura de parte de Israel un activismo mucho más intenso del movimiento en pro del establecimiento irrestricto de asentamientos judíos en el territorio de Cisjordania. En ese contexto, el fin del conflicto árabe israelí se ve hoy más lejano que nunca.

Existen varias señales acerca de hacia dónde se inclinará el gobierno de Netanyahu en temas concernientes a su sociedad civil. Por ejemplo, sólo hay nueve mujeres entre quienes ocuparán los 64 escaños en posesión del gobierno. En comparación, en el gobierno saliente el número de ellas era de treinta. Por otra parte, y tal como lo ha informado en estos días la prensa israelí, ciertos miembros homófobos de la bancada que dominará en el Parlamento están operando, desde ahora, para conseguir que la prohibición vigente a la práctica de las terapias de conversión sexual, sea eliminada.

Es altamente probable que la relación cordial y crecientemente productiva entre los países árabes que han normalizado sus relaciones con Israel mediante los llamados Acuerdos de Abraham, se mantenga como hasta la fecha, lo mismo que la añeja hostilidad con el régimen iraní, con todo lo que ello implica para los movimientos y alianzas regionales fundados en consideraciones geoestratégicas. En esos temas probablemente las cosas no cambiarán demasiado. Es en el ámbito doméstico donde más se resentirá la naturaleza del nuevo gobierno, que por cierto, pretende subordinar la Suprema Corte al poder legislativo, para así imponer sin trabas sus proyectos y decisiones. Sobre todo, verán sus derechos amenazados las minorías, los solicitantes de asilo, las mujeres y en general el público secular que sufrirá los embates y las restricciones que estará en posibilidad de imponer el establishment religioso hoy tan empoderado.

El resultado de esta última elección en Israel se inserta así en la tendencia internacional del ascenso de regímenes populistas y nacionalistas extremos que están poniendo en jaque muchas de las estructuras democráticas, libertades y derechos ciudadanos que con esfuerzos enormes, se habían gestado en décadas pasadas.

 

 

* Editorialista del Periódico Excélsior

Desde el escritorio de la Editora

 Rosalynda Cohen

El ex Primer Ministro de Israel, Benjamín Netanyahu obtuvo una rotunda victoria en los comicios electorales, con una holgada mayoría para formar un Ejecutivo, y recuperar el poder tras más de un año en la oposición.

 

EDITORIAL DEL 15 DE NOVIEMBRE

 

NEWSLETTER

NO SE PIERDA LAS NOTICIAS SOBRE EL MUNDO Y LA COMUNIDAD



    IN MEMORIAM Z”L

     

    • Sara Bucay Camacho Z’L
    • Sra. Clarisa Bijman vda. de Kleiman Z’L
    • Sr. Alberto Calahorra Maimón Z’L
    • Sra. Clara Cohen Sevilla Z’L