Autor: Esther Shabot*

El presidente de Irán, Ebrahim Raisi, compareció hace unos días en Nueva York ante la Asamblea General de la ONU para, entre otros temas, defender su proyecto de desarrollo nuclear y de paso amenazar a Israel. Mientras tanto, las calles de Teherán y de otras ciudades en ese país están sumidas en la violencia ejercida por la policía y miembros de la Guardia Revolucionaria contra decenas de miles de manifestantes que han estado dispuestos a arriesgar su libertad e incluso su vida, para protestar contra la brutal represión ejercida por la “policía de la moral”. Este organismo, encargado de vigilar que las mujeres vistan con el recato ordenado por el clero chiita, encabezado por el ayatola Khamenei, es señalado como responsable de la muerte de una mujer de 22 años tras ser detenida por dicha policía. Su delito, no tener bien puesto el hijab que debe cubrir la cabellera femenina. Presuntamente los golpes que recibió al ser aprehendida causaron su deceso.

El caso fue la gota que derramó el vaso de la resignación de multitud de mujeres y hombres ante la represión brutal del régimen. No sólo que debido a las sanciones que padece el país la población sufre de carencias económicas diversas, sino que además, la imposición de la sharía o ley islámica como normatividad para la vida pública y privada, significa, sobre todo para las mujeres, una vida cargada de opresión, limitaciones y control por parte de la autoridad sobre mil y un detalles concernientes a lo que sí se les permite y lo que no.

Durante los ocho años previos al ascenso a la presidencia de Raisi, las mujeres iraníes experimentaron cierto alivio en cuanto a su sujeción a las normas religiosas. La presidencia, en aquel entonces en manos de Hasan Rohani, del bando moderado opuesto al de Raisi, tuvo que ver seguramente con esa mayor tolerancia, pero la tendencia es ahora hacia el otro lado. Tal pareciera que en cuanto al trato a las mujeres, se regresa a los tiempos iniciales del establecimiento de la República Islámica cuando, tras la salida del Sha del poder, la mano dura del clero se impuso para arrinconar a las mujeres y someterlas al control del autoritarismo patriarcal más severo. Las historias narradas por Azar Nasifi en su libro Leyendo a Lolita en Teherán, dan fe de cómo a partir de la toma del poder por el ayatola Jomeini, las estudiantes universitarias empezaron a ser revisadas a su entrada a las aulas, para impedirles el acceso en caso de que tuvieran las uñas pintadas. Todo se escudriñaba, desde la vestimenta hasta las lecturas. Dio inicio la censura acerca de lo que era permitido leer y lo que no. El texto de Nasifi da cuenta, por ejemplo, de cómo la lectura de Nabokov se lograba realizar sólo de forma clandestina, en la intimidad del hogar.

Otra de las innovaciones, aparentemente inofensivas pero llena de simbología, fue la disposición oficial de que los maniquíes que en los aparadores mostraban ropa de mujer, tuvieran cubierta la cabellera, además de borrados los ojos y la boca. Seguramente Freud hubiera interpretado eso como el nuevo mensaje: las mujeres no deben ver ni hablar, su presencia debe ser silenciosa, discreta al máximo, sólo activa y evidente en la medida en que ello sea necesario para mantener funcionando el sistema de dominación establecido. Tal consigna, que al parecer el gobierno actual ha retomado, es la misma que en su tiempo se denunciara en la película de dibujos animados Persépolis, de 2008. Ganadora del Oscar como mejor filme de animación, es un retrato doloroso de la forma como las mujeres fueron sometidas al ostracismo desde los primeros días de la instauración de la República Islámica en 1979.

Más de 40 años han pasado desde entonces y las cosas no han cambiado mucho. Las aperturas esporádicas no duraron y hoy se ha recrudecido la represión. Ya en meses pasados famosos cineastas iraníes fueron encarcelados y ni la presión local ni la internacional han conseguido hacer nada por ellos ni por los muchos otros privados de su libertad por disentir de las políticas oficiales.

En su intento de disolver las actuales manifestaciones de protesta, el régimen ha cortado internet, y bloqueado las plataformas de Instagram y WhatsApp. Hasta el momento, la cifra de muertos por la violencia en las calles es de 31, y se teme que las cosas concluyan igual que en 2019, cuando también las protestas populares se desbordaron y hubo 1500 muertos y miles de arrestados. Triste panorama para pueblos enteros –el iraní, el cubano, el nicaragüense y el venezolano, entre otros– que ven pasar las décadas sin lograr liberarse de sus tiranías.

* Editorialista del Periódico Excélsior

Desde el escritorio de la Editora

 Rosalynda Cohen

Continuamos con el mes hebreo de Tishrei que inició en Rosh Hashaná y continúo con Yom Kipur, Sucot y Simjat Torá.

                 

EDITORIAL DEL 1 DE OCTUBRE

 

NEWSLETTER

NO SE PIERDA LAS NOTICIAS SOBRE EL MUNDO Y LA COMUNIDAD



    IN MEMORIAM Z”L

     

    • Mina Keller de Meizner Z’L
    • Eva Biro Klein Z’L
    • Gabriela Erdos de Levy Z’L
    • Nicolás Esses Harari Z’L
    • Mauricio Berger Seifman Z’L
    • Olga Rahmane Bejar de Buzali Z’L
    • Jacques Varon Danon Z’L
    • Yael Strauss Rubinstein de Rill Z’L