Autor: Eli Suli

 

Cuando en octubre de 1917, sucedió la revolución rusa, dando origen al primer sistema comunista de la historia, no solo acabó con un imperio de 300 años, sino que provoco un efecto devastador al pueblo judío. Al principio los judíos fueron aceptados, pero luego terminaron siendo rechazados y odiados. Por un lado, se les prohibió cumplir con la Torá y las Mitzvot. También surgió un antisemitismo mundial, culpando a los judíos rusos de haber sido los creadores de la Revolución Rusa de 1917 provocando el comunismo, y fueron acusados de tener el poder entre los bolcheviques que lideraron dicha revolución. Esta teoría, sirvió a los EE. UU para cerrarle las puertas a la inmigración, la cual más adelante provocó que millones de judíos fueran asesinados en el Holocausto. Dos años más tarde, en 1919, el gobierno soviético confiscó todos los bienes pertenecientes a las comunidades judías, y clausuró casi todas las sinagogas y Mikvaot (baños rituales). Sin embargo, el Rabino Moshe Feinstein, ideo un plan para poder mantener en uso un baño ritual en su ciudad. Cuando el rabino se enteró que el gobierno estaba planificando construir una piscina pública en su ciudad, entonces convenció al contratista judío, para que la construyera de tal forma, que sirviera como una Mikve. Una vez inaugurada “la piscina pública”, la noticia se difundió en forma secreta entre la comunidad, y comenzaron a llegar mujeres judías, incluso desde muy lejos, a la única Mikve en función. En esos tiempos, se creó una policía secreta, llamada “Ojrana”, la cual estaba compuesta por “judíos antijudíos”, quienes habían propuesto varios decretos en contra de los propios judíos. En las escuelas de gobierno, a la que tenían obligación de acudir todos los niños judíos, les enseñaban a los alumnos a odiar la religión. El maestro les decía a los niños hambrientos: niños, gritemos todos juntos: ¡D-OS DANOS COMIDA! y los niños obedientemente le pedían comida a D-os, entonces el maestro les preguntaba a los niños: ¿acaso alguien de ustedes recibió algo de comer? no, contestaban los niños. Bueno….. decía el maestro, ahora griten ¡LENIN DANOS COMER ¡, y en cuanto los niños pronunciaban tal pedido a Lenin, inmediatamente entraban varios hombres con bolsas llenas de comida. También se obligó a los Rabinos a abandonar sus puestos. Muchísimos judíos fueron arrestados, exiliados a Siberia, y ejecutados. Como resultado, la generación siguiente fue apartada completamente de la Tora y por consiguiente del judaísmo. Mientras, en todo el mundo se culpaba a los judíos de provocar el comunismo. León Trotsky, un judío que negaba que existiera algo llamado “judío”, era el principal responsable de tal acusación. Su verdadero nombre era “Lev Davidovich Bronstein”, y fue él quien produjo el levantamiento armado, que llevó a los comunistas al poder. Trotsky fue el símbolo de la violencia y el poder del comunismo, y fue el principal responsable de la identificación mundial de los judíos con el comunismo. Tal como en una ocasión le dijo un rabino al propio Trotsky: “Los Trotsky son los que hacen las revoluciones, pero los Bronstein son los que cargan con la culpa”. Entonces las consecuencias fueron trágicas para los judíos. En Rusia y Ucrania se produjo una guerra civil entre los partidarios y oponentes al comunismo, y el pueblo judío fue el blanco de ambas partes. Más de 100,000 judíos fueron asesinados y más de 1,000 comunidades fueron destruidas en diferentes progroms. La toma comunista de Rusia, asociada con los judíos radicales, tuvo graves consecuencias también en EE. UU. En el año 1924, el gobierno norteamericano estableció recibir como máximo 9,000 inmigrantes anuales de Polonia, Rumania y Rusia, países que contaban con varios millones de judíos, cerrándoles así las puertas del país, y poniéndole fin de esta manera a la inmigración masiva de judíos a los Estados Unidos. Aunque después, ni siquiera cumplieron con ese cupo mínimo que habían propuesto. Todo esto hizo que el judaísmo en Rusia casi se acabara por completo. Sin embargo, hubo un grupo que luchó por mantenerlo aún con vida. Estos fueron los Jasidim de Lubavitch, dirigidos por su Rebe Yosef Itzjak Schneerson. Ellos mantuvieron escuelas y Yeshivot clandestinas en toda la Unión Soviética, donde en 1928, había 4,200 niños en diferentes escuelas clandestinas de veintidós ciudades. Pero cuando las autoridades rusas se enteraron, arrestaron al rabino Schneerson, y lo condenado a muerte. También muchos de sus Jasidim fueron enviados a Siberia y ejecutados. A raíz de esto, se produjo una presión internacional tan fuerte, que al gobierno comunista no le quedo otra opción, y tuvo que liberar al rabino, aunque lo expulsaron del país. No obstante, el esfuerzo continuó incluso desde fueras de Rusia; y el judaísmo y la Torá no desaparecieron por completo en la Unión Soviética. Por lo tanto, el resurgimiento judío que existe hoy en día en Rusia, se debe a aquellos heroicos Yehudim que lucharon arriesgando sus vidas, en las condiciones más peligrosas que uno se pueda imaginar.

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