Autor: Eli Suli

Por el siglo XI, vivía en la ciudad de Maguncia, hoy Mainz, Alemania, un gran sabio y erudito llamado Rabi Amnon, quien era querido y respetado tanto por judíos, así como por gentiles. Incluso el arzobispo Willigis de Maguncia, quien a su vez fungía como gobernador, admiraba y respetaba al Rabí Amnón por su gran sabiduría. En muchas ocasiones el gobernador invitaba al rabino a su palacio para consultarlo y escuchar sus consejos sobre los asuntos de Estado. Sin embargo, Rabí Amnón nunca quiso aceptar recompensa alguna por sus servicios. Aunque dada su condición de amigo y consejero, en varias oportunidades abogo por la situación de sus hermanos, aprovechando también para para abolir algunos de los decretos y restricciones que existían en contra de los judíos. Ese era el único favor que Rabí Amnón solicitaba a su amigo arzobispo y gobernador, quien nunca rechazó su petición. Por lo tanto, el Rabí y sus hermanos judíos vivieron en paz durante muchos años. Pero el secretario del gobernador, que no podía soportar ver el honor y el respeto que se le daba en el palacio al rabino, comenzó a buscar formas y medios para desacreditarlo. En cierta ocasión, el secretario le dijo al gobernador: “¿por qué no convence a Rabí Amnón para que se convierta en cristiano al igual que nosotros?, yo estoy seguro de que, por el honor y por los favores que ha recibido de usted, él abandonara su fe y aceptara el bautismo. Tanto era la insistencia a diario que, finalmente, el gobernador se dejó convencer y hasta pensó que no era una mala idea. Entonces, cuando al día siguiente el Rabi se presentó en el palacio, le dijo el gobernador: “Mi buen amigo Rabí Amnón, sé que hasta ahora tú has sido leal a mí durante muchos años, pero ahora me gustaría pedirle un favor personal. Quiero que abandones tu fe y te conviertas en un buen cristiano como yo”. “Si lo haces, te prometo transformarte en el hombre más grande de mi Estado, y tendrás honor y riquezas como ningún otro hombre”. Al escuchar la petición del gobernador y arzobispo Willigis de Maguncia, Rabí Amnón empalideció, y por un momento no pudo encontrar palabras para responderle. Pero luego de unos minutos le contesto: “Mi señor, durante muchos años te he servido fielmente, y el hecho de ser judío, de ninguna manera disminuye mi lealtad hacia ti o hacia el estado, por el contrario, mi fe me obliga a ser leal y fiel a la tierra donde vivo. Incluso estoy dispuesto a sacrificar todo lo que poseo y hasta mi propia vida en tu honor. Pero hay algo que nunca podre modificar; y esa es mi fe, a la que estoy amarrado por un pacto inquebrantable a mis antepasados.

¿Acaso quieres que traicione a mi pueblo y a mi Di-s? ¿o tal vez prefieras para servirte a un hombre que no tenga respeto por su religión?” Entonces, el gobernador Willigis se mostró convencido ante la respuesta del Rabi. No obstante, al día siguiente, cuando el Rabino llegó al palacio, el regidor volvió a insistir con su petición. Eso provoco que el Rabí Amnón empezara a evitar las visitas al palacio, a menos que fuera absolutamente necesario.

Pero un día, Willigis, ya impaciente ante la obstinación de su amigo el Rabí, lo presiono a que se decidiera, y le dio dos opciones: O te conviertes al cristianismo, o de lo contrario, tendrás que sufrir graves consecuencias.

Entonces, ante la presión para dar una respuesta, el Rabí Amnón le solicito al gobernador que le permitiera tres días para pensarlo. Sin embargo, tan pronto como abandono el palacio, se dio cuenta de su grave pecado y exclamo: “Di-s, ¡qué he hecho!, perdóname por esta falta de fe, por pedirle al gobernador tres días para pensarlo. ¿Acaso puede haber más que una respuesta? ¿Cómo es que pude demostrar tal debilidad siquiera por un momento? Oh, Di-s, te pido que me perdones….”

Cuando el Rabino llegó a su casa con el corazón quebrantado, se encerró en su habitación y pasó los siguientes tres días rezando, ayunando, y pidiendo perdón a Di-s. Al tercer día, Amnón no llegó al palacio, lo que provocó la ira el arzobispo, quien inmediatamente ordenó traer al Rabino encadenado. Y una vez delante suyo, dejando de lado cualquier sentimiento que pudiera haber tenido por su antiguo amigo, le dijo con severidad: “¿Cómo te atreves a hacer caso omiso a mi orden?”

“Espero que ya hayas tomado la decisión de convertirte, ya que sería muy trágico para ti para de otra manera.”
“Mi señor”, le replico Rabí Amnón: “quiero que sepa que, mientras yo viva, seguiré siendo un judío leal a mi fe”.

Ante tal respuesta, y al no poder lograr su objetivo, el gobernador ya fuera de sí le respondió: “serás castigado Rabi, por haberme desobedecido al no presentarte voluntariamente a darme tu respuesta”.

“Mi señor”, le respondió Rabí Amnón: “Si he pecado gravemente contra mi Di-s, al solicitar tres días para pensarlo, entonces que mi lengua sea cortada por haber hablado falsamente”. Esas palabras enfurecieron aún más al gobernador, quien le respondió enérgicamente: “Tu lengua no será cortada porque hablaste la verdad, sin embargo, tus piernas si han pecado contra mí, porque se negaron a venir a mí palacio, por lo tanto, te serán cortadas, así como tus brazos, por no aceptar el bautismo”. Una vez procedido con el castigo, el cuerpo de Rabí Amnón sin piernas ni brazos, fue enviado de regreso a su casa, un día antes de Rosh Hashaná.

La noticia sobre el terrible destino del santo y piadoso Rabí Amnón se extendió por toda la ciudad. Todos se habían quedado horrorizados y angustiados ante tal hecho, tanto judíos y cristianos. Fue un trágico día del juicio para los judíos de Mainz, que se habían reunido en la mañana siguiente. No obstante, a pesar de su terrible sufrimiento, Rabí Amnón recordó que ese día era Rosh Hashaná y pidió ser llevado a la sinagoga. Y a petición suya, se lo colocó delante del Hejal “Arca Sagrada”, mientras todos los asistentes, hombres, mujeres y niños, lloraban desconsolados al ver a su amado Rabino, en la dramática condición que se encontraba. Cuando el Jazan “oficiante” comenzó a recitar la oración de Musaf, Rabí Amnón le indicó que hiciera un intervalo de tiempo, para ofrecerle una especial oración a Di-s, que él mismo había compuesto para esos momentos. El silencio recayó sobre los congregados, y Rabí Amnón empezó a recitar “UNETANNEH TOKEF” (Expresemos la poderosa santidad de este día), mientras la congregación en un mar de lágrimas repetía junto al Rabi palabra por palabra.

Entonces, en ese momento, Rabí Amnón emocionado mientras sus lágrimas caían sobre sus mejillas, y con el último aliento que le quedaba, exclamo”:

¡¡Él es nuestro Di-s, y no existe ningún otro¡¡………..y de esa manera falleció.

Tres días más tarde, Rabi Amnom de Meinz se le apareció en sueños a Rabí Meshulam ben Moshe Kalonimos, para enseñarle el texto completo de la oración que el mismo había compuesto, y le pidió que lo difundiera a lo largo del mundo judío, para recitarlo los días de Rosh Hashana y Yom Kipur en el rezo de Musaf.

La oración “UNETHANEH TOKEF”, es una de las oraciones más solemnes de Rosh Hashaná y Yom Kipur, que se recita en las comunidades judías Ashkenazim de todo el mundo.

A continuación, un pequeño fragmento de la traducción de dicha oración:

“Todas las criaturas del mundo pasarán ante ti como corderos (que han de ser diezmados) …En Rosh Hashaná se escribirá y en Yom Kipur se sellará quien nacerá, quién vivirá y quién morirá a través de agua o a través de fuego. Quien por espada o quien por una bestia, quién a través de hambre, y quién a través de sed, quién por terremoto, y quien por peste… Quién descansará y quién vagará…Quién será pobre y quién se hará rico, quién se hundirá y quién se alzará. No obstante, la “Teshuvá” (el arrepentimiento), la oración, y la caridad, quitan todo el mal del decreto. Porque Tu Hashem no deseas la muerte de quien la merece, sino que deseas que vuelvan de su mal camino y vivirán. Y hasta el día de su muerte lo esperaras, y si retorna a ti, inmediatamente tú lo aceptaras….”.

Esta conmovedora historia de valentía y entrega de Rabí Amnón de Mainz al KIDUSH HASHEM “santificando el nombre divino”, mediante este impactante rezo que el mismo había compuesto, nos sirve hasta el día de hoy, como una emocionante inspiración para todos nosotros.

Desde el escritorio de la Editora

 Rosalynda Cohen

Continuamos con el mes hebreo de Tishrei que inició en Rosh Hashaná y continúo con Yom Kipur, Sucot y Simjat Torá.

                 

EDITORIAL DEL 1 DE OCTUBRE

 

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