Las picaduras matan a cerca de un millón de personas al año. Esto aumentará mientras la crisis climática alargue las temporadas cálidas y crezca la distribución geográfica.

 

El animal más mortífero del mundo no es el tiburón, el tigre de Bengala ni ninguna serpiente venenosa. Es el mosquito hembra.

 

Cuando este molesto insecto chupa la sangre humana para ayudarla a poner sus huevos, puede contagiar con enfermedades potencialmente mortales como la malaria, el dengue, los virus del Zika y del Nilo Occidental, la filariasis linfática (LF) y más.

 

De acuerdo con la Asociación Estadounidense de Control de Mosquitos más de un millón de personas mueren cada año a causa de estos insectos. Y de acuerdo con los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de EEUU, la mitad de la población mundial actual está en riesgo de contraer malaria y el 40 por ciento está en riesgo de dengue.

 

La LF afecta a personas en 72 países y es una de las principales causas de discapacidad permanente en todo el mundo.

 

El estudio halló que para 2070 la población en riesgo de malaria y dengue probablemente aumente hasta en 4.700 millones de personas.

 

Mientras tanto, científicos y empresarios de Israel comprenden los problemas y los riesgos y desarrollan ingeniosas soluciones para este creciente problema.

 

El profesor Philippos Aris Papathanos, director del Laboratorio de Genética de Insectos de la Universidad Hebrea de Jerusalem, recibió una subvención de la Fundación Bill & Melinda Gates para desarrollar nuevos enfoques genéticos para controlar las poblaciones de mosquitos transmisores de la malaria.

 

“Estamos construyendo una variante moderna de una vieja idea que existe desde hace 70 años: controlar a los mosquitos modificando y manipulando su genética”.

 

El especialista indicó que, en teoría, la esterilización y liberación de mosquitos macho individuales conduce al colapso de la población.

 

En vez de la esterilización, el laboratorio de Papathanos utiliza tecnología de repeticiones palindrómicas cortas agrupadas y regularmente interespaciadas (CRISPR), una técnica de vanguardia para modificar el cromosoma de los mosquitos macho de la malaria para que solo produzcan crías masculinas que hereden el cromosoma alterado.

 

Así se busca que con el tiempo no haya más hembras y, por lo tanto, no habrá más picaduras transmisoras de enfermedades.

 

Por Israel

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